Bebés bajo el agua
Mucho se ha escuchado en las noticias sobre bebés que caen a la piscina o laguna y lamentablemente tienen que ir al hospital de emergencia, porque se ahogan y, muchas veces, el desenlace es fatal. Sobre todo en época veraniega, donde las piscinas están abiertas, debido a las cálidas temperaturas, es que la tasa de pequeños niños de emergencia por caer en el agua, aumentan.
Ante lo anteriormente comentado, es que algunos padres prefieren relacionar a sus hijos con el agua desde muy pequeños, ya sea desde la época del embarazo, cuando la mujer hace natación, o apenas con unos meses de vida, siendo el hecho de caer a la piscina, algo casi tan normal como tomar leche.
No es que se aprenda a nadar desde los meses de vida, ya que esa capacidad se logra a los 4-5 años, pero sí es el aprendizaje de mantenerse bajo el agua y no temerle, saber actuar cuando se está solo en ella y tener la capacidad de mantenerse a flote.
Los recién nacidos están dotados de una variedad de reflejos que hacen posible el progresivo desarrollo de una conducta adaptada al medio en que se desenvuelvan, en este caso el agua. Limitar las experiencias del primer año a la estancia en la cuna o en el coche de paseo, significa reducir el desarrollo tanto físico como intelectual del bebé, en un período crítico de su vida.
Psicólogos y pedagogos reconocen la importancia de los primeros años en la vida del individuo y, a pesar de ello, se sigue sin prestar la atención necesaria hasta la entrada en la escuela. El objetivo más importante de esta actividad se centra en reforzar el vínculo de amor y confianza entre la madre y el bebé, haciendo que ambos compartan una experiencia original, única e irrepetible, fortaleciendo la relación afectiva entre bebé-mamá-papá. Además, por si esto fuera poco, se van a crear situaciones de juego, dentro de un ámbito lúdico y recreativo.
El bebé que aún no camina encuentra en el agua la posibilidad de moverse tridimensionalmente, siendo mucho mayor la libertad y continuidad de movimientos. A muy temprana edad comienzan a tener nociones de desplazamiento y distancia de una gran riqueza y sensibilidad, lo que redundará en una mayor coordinación motriz. Además, la natación fortalece el corazón y los pulmones. Debido al trabajo respiratorio que se realiza en el agua se aumenta la eficiencia en la oxigenación y traslado de la sangre. Todo esto sumado a que ayuda al sistema inmunológico, ayuda al bebé a relajarse y a sentirse más seguro de manera independiente.
Ante lo anteriormente comentado, es que algunos padres prefieren relacionar a sus hijos con el agua desde muy pequeños, ya sea desde la época del embarazo, cuando la mujer hace natación, o apenas con unos meses de vida, siendo el hecho de caer a la piscina, algo casi tan normal como tomar leche.
No es que se aprenda a nadar desde los meses de vida, ya que esa capacidad se logra a los 4-5 años, pero sí es el aprendizaje de mantenerse bajo el agua y no temerle, saber actuar cuando se está solo en ella y tener la capacidad de mantenerse a flote.
Los recién nacidos están dotados de una variedad de reflejos que hacen posible el progresivo desarrollo de una conducta adaptada al medio en que se desenvuelvan, en este caso el agua. Limitar las experiencias del primer año a la estancia en la cuna o en el coche de paseo, significa reducir el desarrollo tanto físico como intelectual del bebé, en un período crítico de su vida.
Psicólogos y pedagogos reconocen la importancia de los primeros años en la vida del individuo y, a pesar de ello, se sigue sin prestar la atención necesaria hasta la entrada en la escuela. El objetivo más importante de esta actividad se centra en reforzar el vínculo de amor y confianza entre la madre y el bebé, haciendo que ambos compartan una experiencia original, única e irrepetible, fortaleciendo la relación afectiva entre bebé-mamá-papá. Además, por si esto fuera poco, se van a crear situaciones de juego, dentro de un ámbito lúdico y recreativo.
El bebé que aún no camina encuentra en el agua la posibilidad de moverse tridimensionalmente, siendo mucho mayor la libertad y continuidad de movimientos. A muy temprana edad comienzan a tener nociones de desplazamiento y distancia de una gran riqueza y sensibilidad, lo que redundará en una mayor coordinación motriz. Además, la natación fortalece el corazón y los pulmones. Debido al trabajo respiratorio que se realiza en el agua se aumenta la eficiencia en la oxigenación y traslado de la sangre. Todo esto sumado a que ayuda al sistema inmunológico, ayuda al bebé a relajarse y a sentirse más seguro de manera independiente.

