Bebés y los viajes en avión

Los niños pueden viajar, desde los primeros días de vida, en cualquier medio de transporte, incluso en avión. No existe ningún riesgo de que les falte oxígeno, porque las cabinas de los aviones están bien presurizadas.

También es infundado el miedo a que el niño pueda sufrir una otitis o una perforación del tímpano a causa de la variación de la presión. A pesar de que la trompa de Eustaquio (el canal que comunica el oído y la garganta) es más estrecha en los niños que en los adultos, en el avión los cambios de presión son tan limitados que el niño es perfectamente capaz de compensarlos.

El doctor Philip Fischer, especialista en pediatría y medicina adolescente de la Clínica Mayo, en Minnesota, cree que no hay una edad en la que un bebé sea demasiado pequeño para viajar en avión. Pero este especialista realiza una advertencia: "Un vuelo de 2000 millas probablemente implique una gran transición y algunos desafíos físicos para una madre que acaba de dar a luz y también para una familia que esté acomodándose a un nuevo integrante. Creo que el itinerario apropiado debe ser ajustado para adecuarse a todos los involucrados".

Aún así, no es recomendable cuando un niño es tan chico porque es muy vulnerable a los gérmenes, y puede llegar a contagiarse algo, debido a que van a pasar varias horas en el mismo ambiente cerrado, donde el aire que circula no se está renovando.Es importante que en el momento del despegue y del aterrizaje el bebé succione algo, como un chupete, para evitar problemas en los oídos por el cambio de altura. Además, es importante que el bebé tome mucho líquido de manera sucesiva,para evitar problemas de deshidratación, debido a que el aire en un avión es de escasa humedad.

 

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