Padres sobreprotectores
El caso de ser padres sobreprotectores, se da en su mayoría en papás primerizos que tienen al primer hijo en sus manos. Padres que quieren lo mejor para el niño y su desarrollo y por eso el cuidado es en demasía, porque no quieren que el hijo(a) sufra o no cometa error alguno, lo que tiende a ser perjudicial para los niños. Corresponde a una implicación emocional excesiva que tiene como resultado mayor control sobre el niño, en vez de solo preocupación y cuidado.
Pero el resultado de esto, lleva a que los padres generen una dependencia recíproca (padres a hijos e hijos a padres), que se manifestará en problemas en un futuro, dándose a medida que el niño en cuestión vaya creciendo. Esto puede legar a incluso crear problemas de personalidad. Un niño que ha crecido en un ambiente de excesiva atención, preocupación asfixiante o con los deseos de los padres convertidos en obligaciones o expectativas demasiado altas para la capacidad del hijo, puede encontrarse en su edad adulta con graves inconvenientes.
Llamados también como padres paternalistas, ellos basan toda la educación de su hijo en el concepto de protección. Consideran que éste está desvalido y que ellos son quienes deben velar por su seguridad. Los padres sobreprotectores se responsabilizan de todo lo que le sucede a sus hijos: si se cae en el parque es porque ellos no tuvieron el cuidado suficiente.
Como hemos comentado, este estilo educativo tiene muchos riesgos en el desarrollo del niño, ya que puede desarrollar un autoconcepto basado en la dependencia y la necesidad de que otros le resuelvan los problemas. Puede tener dificultades para lograr su propia autonomía y acabar teniendo déficits en habilidades sociales básicas.
El niño, que ha crecido en un ambiente protector, donde nada se le negaba y otros solucionaban sus problemas, puede tener serias dificultades en la vida adulta para aceptar que las cosas no sean como él quiere. Esta falta de tolerancia a la frustración puede hacerle verdaderamente infeliz al darse cuenta del mundo al que se tiene que enfrentar.
Una relación padres-hijos basada en la sobreprotección tiene más efectos negativos que positivos ya que a los niños les costará mucho llegar a alcanzar su madurez. Además, se impide que un niño aprenda por sí mismo y responda espontáneamente a las situaciones que surjan a lo largo de su proceso evolutivo puede provocar algunos casos como la disminución en su seguridad personal, así como serias dificultades a la hora de tolerar las frustraciones y los desengaños y un retraimiento o inhibición en su conducta que dificultará sus relaciones sociales: les cuesta jugar o conversar con otros niños de su edad o no pueden afrontar situaciones nuevas.
El año 2010, el diario La Tercera comentaba acerca de un estudio publicado en la revista LiveScience, en donde detallaba que los hijos de padres sobreprotectores son más neuróticos, menos abiertos y más dependientes. Para el investigador del estudio, el sicólogo Neil Montgomery, esta crianza puede llevar a los hijos a no estar dispuestos en abandonar sus hogares. Además, comenta que estos jóvenes son más tímidos, ansiosos, vulnerables y poco abiertos a experimentar nuevas circunstancias o ideas. Para el especialista, si bien no es una relación directa de causa y efecto, sí es una asociación importante de cómo la crianza es un factor determinante de la personalidad madura de los hijos.
Pero el resultado de esto, lleva a que los padres generen una dependencia recíproca (padres a hijos e hijos a padres), que se manifestará en problemas en un futuro, dándose a medida que el niño en cuestión vaya creciendo. Esto puede legar a incluso crear problemas de personalidad. Un niño que ha crecido en un ambiente de excesiva atención, preocupación asfixiante o con los deseos de los padres convertidos en obligaciones o expectativas demasiado altas para la capacidad del hijo, puede encontrarse en su edad adulta con graves inconvenientes.
Llamados también como padres paternalistas, ellos basan toda la educación de su hijo en el concepto de protección. Consideran que éste está desvalido y que ellos son quienes deben velar por su seguridad. Los padres sobreprotectores se responsabilizan de todo lo que le sucede a sus hijos: si se cae en el parque es porque ellos no tuvieron el cuidado suficiente.
Como hemos comentado, este estilo educativo tiene muchos riesgos en el desarrollo del niño, ya que puede desarrollar un autoconcepto basado en la dependencia y la necesidad de que otros le resuelvan los problemas. Puede tener dificultades para lograr su propia autonomía y acabar teniendo déficits en habilidades sociales básicas.
El niño, que ha crecido en un ambiente protector, donde nada se le negaba y otros solucionaban sus problemas, puede tener serias dificultades en la vida adulta para aceptar que las cosas no sean como él quiere. Esta falta de tolerancia a la frustración puede hacerle verdaderamente infeliz al darse cuenta del mundo al que se tiene que enfrentar.
Una relación padres-hijos basada en la sobreprotección tiene más efectos negativos que positivos ya que a los niños les costará mucho llegar a alcanzar su madurez. Además, se impide que un niño aprenda por sí mismo y responda espontáneamente a las situaciones que surjan a lo largo de su proceso evolutivo puede provocar algunos casos como la disminución en su seguridad personal, así como serias dificultades a la hora de tolerar las frustraciones y los desengaños y un retraimiento o inhibición en su conducta que dificultará sus relaciones sociales: les cuesta jugar o conversar con otros niños de su edad o no pueden afrontar situaciones nuevas.
El año 2010, el diario La Tercera comentaba acerca de un estudio publicado en la revista LiveScience, en donde detallaba que los hijos de padres sobreprotectores son más neuróticos, menos abiertos y más dependientes. Para el investigador del estudio, el sicólogo Neil Montgomery, esta crianza puede llevar a los hijos a no estar dispuestos en abandonar sus hogares. Además, comenta que estos jóvenes son más tímidos, ansiosos, vulnerables y poco abiertos a experimentar nuevas circunstancias o ideas. Para el especialista, si bien no es una relación directa de causa y efecto, sí es una asociación importante de cómo la crianza es un factor determinante de la personalidad madura de los hijos.

